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La bruja de Endor: ¿divina o demoníaca?

(Las citas bíblicas provienen de la Reina Valera Actualizada, RVA-2015.)


Echemos un vistazo a la famosa historia del primer rey israelita, Saúl, y su encuentro con la bruja de En-dor. Lo es uno de los pilares principales que sostienen la creencia en el dualismo cuerpo-alma y en la inmortalidad del alma. Para quienes tienen ese punto de vista, ofrece una evidencia concreta de que los muertos no están realmente muertos, sino que, de hecho, viven en forma de espíritu.


Puedes leer toda la historia tú mismo en 1 Samuel 28. Aquí va en resumen:

El ejército filisteo estaba listo para atacar. Saúl sabía que su ejército tenía pocas probabilidades de victoria en la batalla que se avecinaba. Consultó al Señor por medio de sacerdotes y profetas, buscando consejo y ánimo. No vino respuesta. Saúl entró en pánico.


Buscando otra forma de evitar el desastre, fue a En-dor a ver a una bruja. Le pidió que lo pusiera en contacto con Samuel, el profeta del Señor que había muerto hacía poco. Ella accedió. Saúl conversó con Samuel. Salió de ese encuentro como un hombre desesperado, sin esperanza y roto por dentro. Y al día siguiente, se suicidó durante la batalla.


Entre los teólogos hay varias interpretaciones de esta historia tan extraña. Aquí va mi torpe intento de resumir las dos principales líneas de pensamiento:


[A] — La bruja tenía el poder de sacar a Samuel de la muerte, o Dios envió a Samuel a volver del más allá para hablar con Saúl, haciendo que pareciera que fue la bruja quien lo logró.


[B] — La bruja llamó a un espíritu maligno disfrazado de profeta, y Saúl solo creyó que estaba hablando con Samuel.


Para que quede claro, estoy de acuerdo con [B]. La narrativa misma da pistas para una interpretación correcta y plantea preguntas que desafían a [A].


1 Samuel 28:3 dice una parte esencial de la historia: Samuel estaba muerto. El amado profeta había sido el líder espiritual de la nación casi toda su vida. Él fue quien ungió a Saúl como rey. Había sido consejero y confesor de Saúl. Lo amaba y sufrió mucho cuando el rey se apartó de la voluntad de Dios. Murió, y todo Israel lo lamentó. (v 3).


El versículo continúa: “Y Saúl había quitado del país a los que evocaban a los muertos y a los adivinos.” El hecho de que esa política hubiese sido necesaria revela que la práctica del espiritismo, la necromancia, la brujería, etc., seguía estando presente en el territorio de Israel, a pesar de las órdenes de Dios.


Hace siglos, ¡ni más ni menos que Moisés mismo advirtió a los israelitas contra las prácticas ocultas! “Porque cualquiera que hace estas cosas es una abominación al SEÑOR” (Deuteronomio  18:12). Él dijo que el Señor iba a sacar a los cananeos de esa tierra específicamente porque practicaban esas abominaciones.


Y desde entonces, Dios envió advertencias constantes a través de Moisés: “


"No dejarás que vivan las brujas" (Éxodo 22:18).


"No recurran a los que evocan a los muertos ni busquen a los adivinos para contaminarse con ellos. Yo, el SEÑOR, su Dios” (Levítico 19:31).


Si una persona recurre a los que evocan a los muertos y a los adivinos para prostituirse tras ellos, yo mostraré mi ira contra tal persona y la excluiré de entre su pueblo” (Levítico 20:6).


Let me interrupt myself by asking a few questions:


Déjame hacer una pausa y preguntarte algunas cosas:


¿Por qué Dios quería prohibir que mediums, brujas, necromantes y similares existieran?


¿Era porque quería negar a los afligidos la posibilidad de encontrar consuelo en contactarse con sus seres queridos que ya murieron?


¿O quizás porque no quería que los humanos obtuvieran conocimiento del “más allá”?


¿Era Dios injustamente reacio a que su pueblo elegido supiera algo más allá? ¿No será que esta prohibición en realidad era una protección? ¿Que la participación en ocultismo ponía a la gente en contacto con “el lado oscuro” — demonios, diablos, espíritus malignos?


Bueno, basta de preguntas.

 

1 Samuel 28:4 dice que el conflicto de larga duración entre Saúl y los filisteos había llegado a un punto álgido. Los ejércitos estaban en posición para una batalla decisiva, y a Saúl no le gustaba cómo se veían las cosas. “Al ver Saúl el campamento de los filisteos, se atemorizó, y su corazón se estremeció en gran manera.” (v 4)


Sin Samuel para aconsejarlo, ¿qué podía hacer más que orar? “Entonces Saúl consultó al SEÑOR, pero el SEÑOR no le respondió” (v 6). Ningún profeta se acercó en respuesta a sus oraciones. No apareció visión alguna. Ningún signo sobrenatural de ningún tipo. Dios, al parecer, lo había abandonado.


Esto no debería haber sido una sorpresa para Saúl. Su presunción, desobediencia y espíritu rebelde le habían costado el favor de Dios. Fue su amigo y mentor, el profeta Samuel, quien le dijo: El SEÑOR te ha desechado a ti, para que no seas rey sobre Israel.” (1 Samuel 15:26).)

 

Ahora, en la víspera de la batalla, ¿dónde podía acudir? Solo una vía. Lejos de Dios.


"Entonces Saúl dijo a sus servidores: —Búsquenme una mujer que sepa evocar a los muertos, para que yo vaya a ella y consulte por medio de ella.


Sus servidores le respondieron: —He aquí que en Endor hay una mujer que sabe evocar a los muertos" (1 Samuel 28:7).


En-dor y las ciudades y aldeas cercanas estaban en la región asignada a la tribu de Manasés. Era una fortaleza cananea, y la tribu de Manasés debía sacar a los habitantes y ocupar ese territorio. Según Josué 17:12, “ Sin embargo, los hijos de Manasés no pudieron echar a los habitantes de aquellas ciudades, y los cananeos persistieron en habitar en estas tierras.” Es posible que la mujer a la que fue el rey Saúl fuera una cananita que todavía comunicaba con los “dioses” cananeos del inframundo.


Quienquiera que fuera, no debería estar allí. Parece que el rey no tenía dudas de qué tan completamente se había llevado a cabo su orden de prohibir a los practicantes de lo oculto. Él sabía que debía quedar alguna bruja o dos en el país.


Con dos de sus hombres, Saúl se disfrazó y fue a ver a esa mujer esa noche. “Y él dijo: —Por favor, evócame a los muertos y haz que suba quien yo te diga” (v 8). Ella se alarmó. Sabía de las órdenes del rey Saúl. Quizá esto era un intento de engañarla. “—¿Por qué, pues, pones una trampa a mi vida para causarme la muerte?” (v 9).


Saúl le juró por el nombre de Dios, prometiendo que “ningún mal te vendrá por esto!” (v 10). “Tráeme aquí a Samuel” (v 11).


El narrador no nos da los detalles de sus encantamientos mientras ella conjuraba la aparición. Se salta directamente al momento en que la mujer juntó las piezas y se dio cuenta de que la habían engañado. “Al ver la mujer a Samuel, gritó fuertemente. Y la mujer habló a Saúl diciendo:  —¿Por qué me has engañado? ¡Tú eres Saúl!" (v 12).


Él le calmó los miedos y le dijo: “No tengas miedo: ¿Qué has visto?” (v 13). Su pregunta es importante para nosotros, que queremos entender qué estaba pasando realmente allí. Saúl estuvo presente, pero solo vio a la mujer. Él no vio la aparición.


Ella respondió: “—He visto un espíritu que sube de la tierra” (v 13).


Entonces, ¿qué fue lo que ella realmente “vio”? Como medium o necromante, ella pensaba que el inframundo estaba habitado por los espíritus de los muertos junto con los demonios y las deidades que gobernaban ese lugar. Puede que haya “visto” a varios espíritus “subiendo del suelo.”


Pero Saúl, en cambio, solo estaba interesado en un espíritu. “—¿Qué aspecto tiene? —" Ella respondió: —"Sube un hombre anciano, envuelto en un manto." —Y Saúl entendió que era Samuel” (v 14).


Aquí, la historia presenta un gran signo de interrogación para quienes creen que las personas justas van al cielo o al paraíso cuando mueren. Por supuesto, Samuel era un hombre justo. Según la creencia común, él debería estar en algún lugar “allá arriba.” ¿Qué hacía él en el inframundo?


Para algunos de nosotros, que Samuel “suba” es una pista de que la mujer en realidad estaba viendo una aparición disfrazada del profeta muerto — “un hombre anciano, envuelto en un manto.” Saúl nada tenía con qué comprobarlo más que su descripción, y basado en lo que dijo la mujer, él “entendió” que era Samuel. “Se inclinó con la cara en tierra, y se postró” (v 14).


Luego, el narrador adopta la perspectiva de Saúl mientras relata el diálogo que continúa. Narra la experiencia como si la estuviera viviendo Saúl, quien creía que estaba conversando con Samuel. Pero la conversación no necesariamente reflejaba una realidad objetiva. Saúl pudo haber estado hablando con un impostor.

 

Lo que leemos es la verdad de Saúl. El teólogo Grenville Kent llama a esto un caso de “narración focalizada”.[1] Veamos uno de sus ejemplos:


En un episodio anterior de Israel contra los filisteos, los israelitas decidieron convertir el arca del pacto en un arma de guerra. La llevaron al campo de batalla, pensando que su presencia aseguraría su victoria. “Aconteció que cuando el arca del pacto del SEÑOR llegó al campamento, todo Israel gritó con un júbilo tan grande que la tierra tembló...” (1 Samuel 4:5).


Hasta ese momento, la historia se había contado desde la perspectiva de los israelitas. Luego, el narrador cambia a la perspectiva de los filisteos. "Cuando se enteraron de que el arca del SEÑOR había sido traída al campamento, los filisteos tuvieron miedo. Y decían: —¡Los dioses han venido al campamento!" (1 Samuel 4:6, 7).


Los filisteos equivocadamente creyeron que el arca era una deidad—similar a sus propios dioses de madera y piedra, solo mucho más poderosa. Esa era su verdad. “Oyeron” —y llegaron a una conclusión equivocada.


Esa percepción errónea llevó al pánico.  ¡Ay de nosotros, porque semejante cosa no había sucedido antes! ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de mano de estos dioses fuertes?  (1 Samuel 4:7, 8).


Grenville Kent hace un punto importante. El que escribe en 1 Samuel a veces deja que veamos las cosas a través de los ojos de sus personajes. Desde el punto de vista de los filisteos, vemos el arca del pacto como si fuera un dios. En realidad, no lo era. Desde la perspectiva del rey Saúl, oímos la voz de un profeta muerto.


La gente solía decirme que sonaba exactamente como mi padre por teléfono. Si atendía una llamada en su casa, la persona al otro lado pensaba que estaba hablando con él. Si no interrumpía para poner a papá en línea, la conversación podía terminarse y despedirse sin que el que llamaba sospechara la verdad. La persona recordaba haber conversado con mi padre, no conmigo.


¿Podría haber pasado algo así cuando el condenado rey Saúl consultó a un médium espiritual en la última noche de su vida? Según el relato en 1 Samuel 28, la bruja de En-dor sirvió como mediadora del contacto entre Saúl y una aparición que ella describió como “un hombre anciano, envuelto en un manto.”


A Saúl le pareció que sus encantamientos habían tenido éxito y que lograron hacer salir del reino de la muerte al profeta recientemente fallecido, Samuel. Saúl “entendió” que era Samuel, aunque nunca lo vio.

 

Durante sus años como consejero del rey, Samuel había hecho advertencias durísimas. El profeta había declarado que Saúl no era apto para gobernar Israel y, sin rodeos, había anunciado que su reinado acabaría y que el reino sería entregado a otro. (Véase 1 Samuel 13:13-14 y 15:13-28.)

 

Hasta ese momento en la historia, la aparición no había revelado nada que Saúl no supiera ya. Pero then, esto: “Además, el SEÑOR entregará a Israel y también a ti en mano de los filisteos. Mañana estarán conmigo, tú y tus hijos. El SEÑOR entregará también el ejército de Israel en mano de los filisteos” (1 Samuel 28:19).


Eso era algo nuevo. ¿Qué estaba pasando? ¿Era esto un castigo adicional para Saúl? ¿Era algo que el profeta vivo se había olvidado de decirle? ¿Era la aparición un mensajero inspirado de Dios, portando una profecía auténtica? Vamos a desglosarlo y ver qué sale de esto.


Primero, “el SEÑOR entregará a Israel y también a ti en mano de los filisteos.” ¿Eso sucedió? Los filisteos derrotaron a los israelitas en la batalla al día siguiente, pero Saúl mismo refutó la profecía al quitarse la vida en lugar de caer en manos de los filisteos.


Segundo, “Mañana estarán conmigo, tú y tus hijos.” Esto sugiere que el rey malvado y rebelde terminaría en la misma situación que el profeta justo. ¿Será eso verdad? Es bastante difícil aceptar eso si uno cree que los justos y los malvados tienen destinos diferentes después de la muerte.


Pero, ¿qué hay de la predicción de que Saúl y sus hijos morirían? ¿Se cumplió? Bueno, Saúl murió, junto con tres de sus hijos: Jonatán, Abinadab y Malquísua. Pero el cuarto hijo de Saúl, Isboset, sobrevivió y tomó el trono de su padre. (Véase 2 Samuel 2:8-12). Claramente, esa parte de la profecía también falló.


Podemos juzgar con seguridad que la aparición fue una falsa profecía, y ciertamente no fue Samuel, el profeta. Pero el propio rey Saúl creyó cada palabra y salió esa noche sin esperanza, convencido de que su destino ya estaba sellado. Y así fue.


Esta historia ha despertado la curiosidad crítica de los teólogos durante los últimos 2,000 años. ¿Estuvo realmente Samuel (o el espíritu/sombra de Samuel) en contacto con el rey Saúl, o fue toda una engañifa demoníaca? Entre los teólogos, las opiniones varían. Muchos que creen en que las almas o espíritus sobreviven a la muerte tienden a aceptar la historia más o menos tal cual.


Muchos maestros y predicadores actuales asumen lo peor: que Samuel, o su espíritu, realmente apareció y se comunicó con Saúl. Esta creencia, combinada con la doctrina del alma inmortal, es arriesgada. Deja a las personas vulnerables a los espíritus malignos que pueden impostar a los muertos. Los que están en mayor peligro son los que están de duelo, que ansían algún contacto con sus seres queridos que ya fallecieron.


Por nuestro propio bien, todos necesitamos una comprensión profunda de la Palabra de Dios. Sus verdades pueden ser impopulares. Sus enseñanzas pueden requerir un poco de esfuerzo para entenderlas. Pero es la mejor defensa contra el engaño y la doctrina falsa.


[1] Grenville J. R. Kent, "'Call Up Samuel': Who appeared to the Witch at En-dor? (1 Samuel 28:3-25)," in Andrews University Seminary Studies, Vol. 52, No. 2, 141-160.

 

Traducido del inglés por GPT-5






















































































































[1] Grenville J. R. Kent, "'Call Up Samuel': Who appeared to the Witch at En-dor? (1 Samuel 28:3-25)," in Andrews University Seminary Studies, Vol. 52, No. 2, 141-160.

 
 
 

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